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San Lorenzo se convirtió en un equipo perdedor: dos eliminaciones en dieciséis días

de Franco Saraco
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Quedó afuera por penales en el Monumental y se derrumbó ante Recoleta en el Nuevo Gasómetro. Más allá de las formas, el resultado se repite demasiado: cuando llega el momento de competir por algo importante, San Lorenzo vuelve a quedarse con las manos vacías.

Hace deicisiete días San Lorenzo todavía estaba vivo en todos los frentes. Tenía un partido decisivo en el Monumental y la ilusión de seguir avanzando. También tenía dos fechas de Copa Sudamericana y con la clasificación al alcance de la mano. Hoy el escenario cambió por completo: dos eliminaciones, dos golpes y una sensación cada vez más difícil de ignorar.

San Lorenzo se convirtió en un equipo perdedor

No por una cuestión de actitud o entrega. Porque si algo tuvo el equipo durante varios momentos de los últimos años fue compromiso, porque a pesar de las claras limitaciones, la gran mayoría de jugadores parece haberlo dejado todo. Lo que falta parece ser otra cosa. Algo más profundo y más peligroso: la costumbre de ganar.

En el Monumental, el equipo resistió. Jugó con el corazón, corrió, peleó y llevó la serie hasta los penales. Hubo una pizca de orgullo porque el esfuerzo estuvo. Pero la historia terminó como tantas otras: eliminación. Días después apareció Recoleta y ya ni siquiera hubo espacio para una épica. San Lorenzo perdió en su cancha, dejó escapar una clasificación accesible y cerró una noche con silbidos e insultos. Las formas fueron distintas. El resultado fue exactamente el mismo. Y eso es lo preocupante.

El problema tampoco nació hace dos semanas. Quince días solamente sirvieron para exponer algo que viene arrastrándose hace años. Porque hace mucho tiempo que San Lorenzo llega a los cruces importantes con la sensación de ser inferior al rival, de arrastrar una racha de clásicos sin ganar – 1 de los últimos 25 clásicos – y ese miedo a quedar afuera en un partido definitorio. Y detrás de eso también aparece una realidad difícil de esquivar: este es un plantel con muy poca jerarquía.

Los partidos grandes suelen resolverse con futbolistas grandes o de buen pie. Con jugadores capaces de aparecer cuando el equipo no encuentra respuestas. San Lorenzo tiene esfuerzo, tiene sacrificio y tiene voluntad, pero le cuesta encontrar nombres que cambien una historia. Álvarez miró el banco e intentó encontrar respuestas en Reali, que venía de la expulsión en el Monumental, en Vietto, que venía de una lesión y con Herazo, un jugador que se le viene buscando salida hace dos mercados de pases.

El hincha de San Lorenzo está acostumbrado a sufrir. Convive con eso desde hace décadas. Lo que cuesta aceptar es otra cosa: acostumbrarse a perder. Porque una derrota duele, dos eliminaciones golpean, pero lo realmente peligroso es cuando la derrota deja de sorprender. Y hoy, en San Lorenzo, empiezan a sentirse normal o hacerse costumbre con estos golpes duros.

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