Expectativa. Ilusión. Nervios. Enojo. Desazón. Tristeza. Esperanza. Euforia. Aliento. Locura. Llantos. Abrazos. Gritos. Más lágrimas. Este juego de palabras bien puede describir todo lo vivido en la tarde del domingo por los hinchas de San Lorenzo.
Expectativa e ilusión antes del partido,
pensando que se podía ganar y salir del descenso directo,
quemándole páginas de sangre a todos esos medios que quieren vernos
muertos para vender un poco más.
Nervios típicos ante un partido de semejante importancia.
Enojo por el penal que Pitana no cobró a los 4
minutos de juego, y por la mano de Pablo Pérez en el primer gol de
Newell´s.
Desazón por el 2 a 0, totalmente inmerecido pero 100 por ciento real. Tristeza al finalizar el primer tiempo perdiendo, con pensamientos negativos que se empecinaban en adueñarse de la cabeza de cada Cuervo presente en el Pedro Bidegain.
Pero los hinchas de San Lorenzo saben que la esperanza es lo último que se pierde. Por eso creyeron en el equipo, y así llegó el descuento de Gigliotti a los 4 del complemento y el posterior empate de Bueno a los 9. Ahí se dio el primer momento de euforia y el aliento se tornó incesante.
Se perdieron situaciones de gol, y el tercero se hacía rogar. Hasta que Gigliotti se puso el traje de héroe y estampó el 3-2 a los 42 del ST que desató la locura. Los llantos se hicieron presentes a la cita, así como los abrazos entre amigos o con simples desconocidos compañeros momentáneos de tribuna.
Los gritos ya eran ensordecedores, porque San Lorenzo había dado vuelta un partido a puro huevo, respondiéndole a esas 30.000 personas que no paraban de cantar. Y más lágrimas, porque era para llorar señores. ¿Cómo no vas a llorar después de tanto sufrimiento?
La misma señora que se reía al ver mi locura con el 1-2 de Gigliotti fue la que se acercó a tocarme luego del partido, como demostrándome que se alegraba por mi sonrisa, por mis lágrimas, por el pitazo de Pitana que indicó el final de los 90 minutos de sufrimiento.
Es que somos de San Lorenzo y estaremos ahí, firmes. ¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón…


