– ¿Por qué comenzaste a leer?
– Yo creo que fue más que nada estaba muchos años afuera, uno
entrena y no está con la familia. Tenés mucho espacio y mucho
tiempo libre. Allá no tenés al tío, a tu viejo o a tu hermana para
ir a tomar mate. Tenés más tiempo y te ponés a leer. Me interesaba
mucho de lo que fue la Segunda Guerra Mundial o de la Revolución
Cubana. Siempre me gustan leer hechos verídicos, las novelas, por
ser ficticias, a veces me aburren.
-¿Cuándo te empezó a interesar la Segunda Guerra
Mundial?
– Con la Selección me tocó conocer algunos campos de concentración
nazis. Eso me fue llamando la atención. Cuando conocés, te ponés a
investigar porque hay cosas que no podés creer. Cosas como que
hacían jabones con la grasa de las personas y, vos decís,
increíble. Cómo el ser humano puede llegar a hacer esas
barbaridades. Fuimos en Alemania y ahora hace poco fui a otro, otra
vez, en el mismo país. Estuvimos en Praga y fuimos a Terezín, otro
campo de concentración.
– ¿Qué sentiste?
– Me pareció terrible. Cuando vas entrando, te cuentan la historia
y te agarran escalofríos. Una sensación de tristeza te da en esas
cámaras de gas que parecían duchas, que metían a la gente sin que
supiera lo que realmente era y terminaban muertos. Fue algo muy
fuerte. También ver los hornos, con las camillas de médicos.
Después, había un lugar que era como cuando se lleva un coche a un
autopartes, pero acá era igual con gente: le sacaban el pelo, la
dentadura, las uñas. Cosas que vos decís: qué barbaridad.
– ¿Y a la Revolución Cubana cómo
llegaste?
– A la Revolución Cubana porque me gusta el Che Guevara y fui
conociendo. Destaco el pensamiento que se tenía en esa época y la
valentía que tuvieron todos esos hombres por todo lo que hicieron y
por la idea que luchaban. Todos sabemos que las grandes potencias
siempre se abusan de los más necesitados. Afrontar todo eso y
cerrarse a las puertas de todo el mundo y así todo subsistir me
parece impresionante. Después uno puede estar de acuerdo o no,
porque hay cosas que pasaron hace mucho tiempo y quizás se podrían
haber hecho mejor, pero el amor por ese ideal y lo que consiguieron
es algo extraordinario.
-¿Dónde viste la cara del Che por primera
vez?
– Una vez me regalan unas medias con la imagen del Che. Dije: “Está
buenísimo, pero quién es”. Ahí me puse a ver qué y por qué luchaba.
Así llegué a Fidel Castro y a la Revolución Cubana. Viajé a Cuba,
con dos amigos a los que también le gustaba el tema. Nos
encontramos en La Habana, alquilamos un coche y bajamos hasta el
sur de la isla. Fuimos donde llegó el Granma y de ahí hicimos casi
todo el recorrido que hicieron ellos. Claro que no lo pudimos hacer
tal cual porque no teníamos tantos días. Pero estuvimos en la
comandancia de Fidel y para eso hubo que caminar. Fue una
experiencia hermosa. Ver dónde estaban ellos parados, que hoy está
más urbanizado, pero en ese momento no había nada. Me pareció
increíble todo lo que tuvieron que vivir, con las limitaciones que
puede dar el terreno y el clima, y que lo hayan logrado.
-¿Cuántas de esas cosas te influyen como
jugador?
– Es más que nada en lo personal. Te marca lo que vos querés
seguir: ideales. Te puede gustar más una cosa u otra: yo siempre
digo que me gusta el sistema de izquierda, que es muy bonito, pero
hay que ser muy valiente para seguir esa idea. Porque la ambición
está al lado nuestro, sobre todo acá en el fútbol, que hay
contratos muy grandes y ves coches muy lindos, importados. Hay que
evitar caer en eso, porque lo lindo de la vida está en los
detalles. Se puede andar en un buen auto, pero no hay que perder de
vista que lo importante es el abrazo de un amigo.
-Ya que hablás de tu identificación con la Revolución
Cubana, ¿qué sentís cuando escuchás o leés a alguien que dice que
Fidel Castro es un dictador?
– Las grandes potencias manejan el mundo. Todos vamos a escuchar lo
que ellos quieren que se escuche. En su momento, Cuba era
terrorismo. Y no: Cuba era pelear por los ideales y por no ser
dominados por las potencias. Por pelear contra la ambición de
ellos, que querían hacer Las Vegas en Cuba. Es muy relativo. Porque
lo vemos acá en Argentina, en este país. Está el periodismo que es
kirchnerista y el que es macrista, está Canal 13 que habla de una
cosa y Página 12 que habla de otra. Es interiorizarse, es leer. Hay
que meterte en el tema para crear tu propia opinión. Yo creo que
más que nada es leer las dos cosas.
– Estuviste muchos años viviendo en Inglaterra, mientras
jugabas en Newcastle. Mientras estabas allá, Cristina Kirchner fue
a la ONU y habló de la soberanía de Malvinas. ¿Cómo sentís ese
tema?
– Lo seguía muy de cerca ese tema. Está claro que yo estaba en
Inglaterra y tengo que respetar. Incluso algunos me hacían bromas y
yo obviaba el tema porque me considero muy patriota y me molestaba
un poco la situación. De todas maneras, hay muchos allá que no
tienen ni idea. Pero me pasaron cosas impresionantes con ese
tema.
– ¿Como cuál?
– Un seguridad del club fue soldado en la Guerra de Malvinas. Era
inglés, peleó para los británicos y me puse a hablar. Como me
gustaba el tema, me trajo fotos y un montón de material. Nos
juntábamos a charlar. Me mostraba las armas que usaron, la ropa.
Incluso me decía: “Sinceramente, nos daba lástima cómo fueron a
pelear. Eran muy chiquitos, no tenían armamento, tenían hambre,
tenían frío. A diferencia de nosotros que teníamos las últimas
armas que había”. Eso para mí era impresionante porque yo lo había
leído muchas veces, pero ahí tenía alguien que lo había vivido.
– ¿Y por qué pensás que te interesa tanto la
historia?
-Pienso mucho en cómo el ser humano puede hacer cosas que uno no
las puede creer. Pablo Escobar era el mayor traficante del mundo y
sin embargo hizo un barrio para diez mil personas. La cabeza de una
persona que ayuda por un lado, que amaba a su madre, pero a la vez
hacer toda la maldad que hacía. A la vez, los vínculos de la
guerrilla colombiana con él. Siento que son temas que leyendo o
viendo documentales me hacen pensar. Pero se te vuelve una
costumbre, yo prendo la compu y ya estoy en YouTube buscando algo
nuevo.
Fuente: Ezequiel Scher – Goal.com


