Sanfilippo, el gordo Soriano y el taco a Boca

A 85 años del natalicio del máximo goleador histórico del club, recordamos lo que fue su obra más espectacular. Pero no lo hizo una, sino dos veces. En la carta que le escribió Osvaldo Soriano al uruguayo Eduardo Galeano, recuerda aquel día de la réplica

Quizá el golazo de Sanfilippo a Roma apenas comenzado el partido sea la pintura artística más linda de la historia del club. Quizá también, Osvaldo Soriano sea la expresión cultural más impresionante del sanlorencismo, por lo menos de la última mitad de siglo. El tiempo y el espacio los econtraron en una charla caminando por Tierra Santa, en épocas que afortunadamente quedaron atrás, donde era ocupada por un supermercado.

La historia es así: el "Nene" discutió con Roma (arquero de Boca) en el tunel y le juró que le iba a hacer dos goles, pero que el primero sería ni bien comience el partido. Roma se rio y se mofó del goleador. La leyenda cuenta que Sanfilippo se acercó al joven Capdevilla y armó ahí el plan.

Sanfilippo sacaría del medio para Rossi y arrancaría a correr para adelante. Rossi tocaría atrás con Capdevila, y el juvenil lanzaría un bochazo a espaldas del central Orlando. Y así fue, "Coco" recibió, tocó para atrás y Capdevilla lanzó un pelotazo perfecto para el "Nene". O casi perfecto, porque si bien pasó a la defensa quedó un poco atrás, y ahí llegó la magia: Sanfilippo improvisó un taco con la zurda que pasó por arriba de Roma y se metió en el arco. 

Años después, Osvaldo Soriano le escribió esta carta a su amigo Eduardo Galeano, recordando el ínfimo instante en el que todo volvió a su lugar:

Querido Eduardo

Te cuento que el otro día estuve en el supermercado “Carrefour”, donde antes estaba la cancha de San Lorenzo. Fui con José Sanfilippo, el héroe de mi infancia, que fue goleador de San Lorenzo cuatro temporadas seguidas. Caminamos entre las góndolas, rodeados de cacerolas, quesos y ristras de chorizos. De pronto, mientras nos acercamos a las cajas, Sanfilippo abre los brazos y me dice: “Pensar que acá se la clavé de sobrepique a Roma, en aquel partido contra Boca”. Se cruza delante de una gorda que arrastra un carrito lleno de latas, bifes y verduras y dice: “Fue el gol más rápido de la historia”.

Concentrado, como esperando un córner, me cuenta: “Le dije al cinco, que debutaba: no bien empiece el partido, me mandás un pelotazo al área. No te calentés que no te voy a hacer quedar mal. Yo era mayor y el chico, Capdevilla se llamaba, se asustó, pensó: a ver si no cumplo”. Y ahí nomás Sanfilippo me señala la pila de frascos de mayonesa y grita: “¡Acá la puso!”. La gente nos mira, azorada. “La pelota me cayó atrás de los centrales, atropellé pero se me fue un poco hasta ahí, donde está el arroz, ¿ve?” –me señala el estante de abajo, y de golpe corre como un conejo a pesar del traje azul y los zapatos lustrados–: “La dejé picar y ¡plum!”. Tira el zurdazo. Todos nos damos vuelta para mirar hacia la caja, donde estaba el arco hace treinta y tantos años, y a todos nos parece que la pelota se mete arriba, justo donde están las pilas para radio y las hojitas de afeitar. Sanfilippo levanta los brazos para festejar. Los clientes y las cajeras se rompen las manos de tanto aplaudir. Casi me pongo a llorar. El Nene Sanfilippo había hecho de nuevo aquel gol de 1962, nada más que para que yo pudiera verlo.

Osvaldo Soriano.

 

El fúbol a sol y sombra, Eduardo Galeano (1995)

Mundo Azulgrana

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