De un amistoso contra San Lorenzo, a vestir la azulgrana

A los 12 años, Máximo Masino se enfrentó contra San Lorenzo en un amistoso. Un mes después, lo ficharon. Conocé al juvenil del Ciclón, que a los 16 firmó su primer contrato y se recupera de una lesión de casi 2 años.

Desde su Chivilcoy natal, Máximo Masino siempre soñó con pisar el Nuevo Gasómetro y jugar para San Lorenzo, una pasión compartida por su padre fanas del Ciclón. Atrapado por el fútbol, y dando sus inicios en Independiente de su Ciudad, cumplió su primer sueño, sin saber que era el comienzo de una historia: “se dio la oportunidad de ir a jugar un amistoso con San Lorenzo. Yo tenía 12 años y fui con un entusiasmo bárbaro porque soy hincha. Al mes, un coordinador de Independiente nos dijo a mí y a un compañero para hacer una prueba en San Lorenzo. Al ser hincha, fui re convencido. Por suerte fue todo bien, mis viejos estaban de acuerdo y me quedé. Nunca lo dudé”, recordó el juvenil, que desde chico supo que su puesto era de central.

Adaptado y enamorado de las instalaciones azulgranas, Maxi encontró su segunda casa en el mundo: “Fui mejorando muchas cosas, primero como persona dentro de la pensión”, expresó. Con su categoría, la 2002, no fue un inicio tan esperado: “Cuando llegué empecé jugando poco. Con los años era suplente, pero jugaba. En 9na no jugaba mucho, iba a la liga metro. En 8va pude jugar bastante y seguir creciendo”, contó Masino.

Con un progreso más que valorable, se ganó la citación a la selección juvenil sub 15, en primera parte. Su confianza y desempeño fue en aumento. Una confianza, que hasta los propios dirigentes le brindaron: “En 2018 firmé contrato. No me lo esperaba, yo solo quería jugar y disfrutar. Como estuve unos años sin ser titular, al encontrarme serlo un par de años seguido, lo disfrutaba un poco más. Nunca pensaba en el contrato. Se empezó a correr un rumor y yo no lo podía creer. Después de un tiempo se llegó a eso y no lo creía. Por suerte se pudo dar”.

También pasó por la selección juvenil Sub 17 y llegó la convocatoria a la división de Diego Monarriz, siendo un premio al esfuerzo. En 2019, el comienzo de una nueva pretemporada con la reserva, lo que fue un llamado de atención años anteriores, fue una alarma que se prendió: una vieja lesión en su espalda apareció: “Hace mucho que tengo la lesión ésta. Ya había tenido un dolor de espalda, que no me dejaba correr. Durante esa etapa se me fue yendo y en 2018 terminé jugando. A principios de 2019, cuando volvimos con reserva, me empezó a doler otra vez. Hicimos más estudios de lo que habíamos hecho y me salió una fisura en la espalda y por el desgaste tuve que parar bastante. Casi termino operándome, me pusieron una faja para mejorar la postura”, explicó. En el regreso tras el parate por la pandemia, Maxi volvió a entrenar con casi total normalidad, “hoy estoy bastante bien y entrenando”, dijo. Aún no realiza fútbol a la par de sus compañeros, pero es cuestión de tiempo para que vuelva a tocar una pelota dentro de un partido.

Cargado de fuerzas y entusiasmo, por una lesión que lo aleja ya hace dos años de las canchas, no deja de lado el pensar cómo podría ser su estreno en el conjunto de Boedo: “Me lo he imaginado una banda de veces. Ahora estoy mentalizado en la reserva, pero lo tengo presente al poder debutar. Las cosas se van a ir dando, no sé si está muy lejos o muy cerca, pero si se tiene que dar, se va a dar”, enfatizó.

Un central que puede jugar tanto de 2 como de 6. Derecho pero adaptado al puesto del zurdo. 18 años y una proyección, que con oportunidades, podrá ganar grandes consideraciones. De un simple amistoso, al sueño de muchos hinchas peleando día a día por triunfar en el Club de sus amores.

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