El clásico ante Independiente se dividió en dos tiempos, pero no reglamentariamente como cualquier partido oficial, sino por cómo jugó y por el resultado que alcanzaron cada uno en ambos parciales. Los primeros 45 minutos, en el contexto actual, sacó un aprobado. En el segundo, no, quedó en deuda.
Tanto el Ciclón como el Rojo llegaban con problemas, no sólo futbolísticos. En la primera mitad, San Lorenzo mostró un poco más e incluso logró que el arquero Rey de Independiente tenga más participación que su colega azulgrana, Orlando Gill.
A los 36 minutos del primer tiempo, el equipo de Damián Ayude construyó una jugada de esas que hacía mucho no se apreciaba en San Lorenzo. Avance por la izquierda, pase milimétrico de Cuello para Gulli, quien acomodó el cuerpo y abrió con una clase magistral su pie izquierda para definir al lado del palo derecho de Rey. Golazo.
A pesar del ánimo por la ventaja parcial, el Ciclón no logró mantener la dinámica que mostró en el primer tiempo. Independiente se adueñó de la posesión y se fue acercando cada vez más al arco de Gill pero sin generar situaciones de peligro. A tal punto que empató gracias a un gol en contra.
En el minuto 23, tras un corner desde la derecha, Tripicchio forcejeó con Marcone y cabeceó hacia su propio arco. Gill, parado en la línea, no reaccionó a tiempo e Independiente alcanzó un empate más la confianza para animarse a más, pero no lo logró.
El partido, muy interrumpidos por la gran cantidad de infracciones, terminó 1 a 1. Un empate que pudo ser victoria pero no supo cómo quebrar al rival ni tampoco sostenerlo, dejando un sabor amargo para un San Lorenzo que no puede dar buenas noticias.
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