San Lorenzo fue una máquina de errar goles y sumó otra derrota en un clima caliente

Atomik

San Lorenzo fue una máquina de errar goles y sumó otra derrota en un clima caliente

En medio de un clima espeso por la vuelta de Moretti, el Ciclón mereció más, pero cayó 1 a 0 ante el San Martín de San Juan de Romagnoli. ¡Mirá!

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En medio de la insólita situación dirigencial que vuelve a tener a Marcelo Moretti en el cargo de presidente por un giro en la Justicia, el San Lorenzo de Damián Ayude hace lo que puede. Fue más que San Martín de San Juan, pero falló de cara al arco rival y la visita lo aprovechó embocando una pelota parada para llevarse un triunfo 1 a 0 que fue demasiado premio. La gente reconoció la entrega de los pibes y apuntó duro contra la dirigencia

La iniciativa la tuvo San Lorenzo, claro. Pero de entrada al menos, el Santo sanjuanino buscó sorprender presionando alto para ahogarle la salida al Santo de Boedo. Poco le duró es intensidad, porque el local rápidamente impuso su postura a bordo de un 4-2-3-1, con el pibe Facundo Gulli detrás de Alexis Cuello.

Sin embargo, no se caían las ideas de la cabeza de nadie de los azulgranas. Y los cuyanos cuando veían espacios se animaban con verticalidad. Un cabezazo de Diego González que se fue desviado fue el primer aviso de un tarde de sol en el Bajo Flores, musicalizada por los cantos contra Moretti y toda la dirigencia.

La réplica fue una buena maniobra individual de Matías Reali, que remató de zurda y tapó en dos tiempos su tocayo Borgogno. Un cabezazo de Horacio Tijanovich que casi se mete en contra levantó a los plateístas. Y siguió, de ese córner otra jugada insólita: un cabezazo en el travesño y otro en el rebote de Fabricio López que sacó sobre la línea Borgogno. ¡Milagro en el área del santo cuyano!

El Ciclón se despertó antes del descanso. Un contragolpe mal comandado por Cuello terminó en un violento remate de Ezequiel Cerutti que sacó un vez más Borgogno, a esa altura, la figura del encuentro. En el complemento, el arquero visitante siguió firme, como en la que le sacó a quemarropa a Nicolás Tripichio, luego de que se pidiera un penal sobre Reali, que bien pudo haberse revisado.

De pronto, el peligro cambió de área: Facundo Altamirano, reemplazante del ausente Orlando Gill, le regaló la pelota a Ignacio Maestro Puch. El delantero tenía el arco vacío para definir, pero pifió y le perdonó la vida a San Lorenzo. Tan cambiante era el trámite que en la siguiente el que perdonó fue Cuello al tirar por arriba su disparo mano a mano.

Ayude reconfiguró el ataque para tratar de lograr algo distinto: Agustín Lasdtatter a la derecha, Diego Herazo de '9' y Cuello a la izquierda, siempre con Gulli por el medio. Reali y el Pocho, cansados, afuera. Herazo le dio mayor peso dentro del área y generó peligro desde que ingresó. Pero el gol no llegaba.

Los que no se hacen en un arco... La máxima se cumplió: de pelota parada, el Pulpo González primereó a todos de cabeza en el primer palo y la mandó a guardar. Tan inesperado como injusto, pero el fútbol se gana haciendo goles y San Lorenzo fue una máquina de errarlos. 

Ese frentazo sanjuanino fue una estocada al corazón azulgrana. La cancha se apagó y el equipo sintió el bajón repentino. Del mejor momento al peor, sin escalas. La cancha explotó en contra de Moretti y compañía con la derrota. El equipo peleó, desperdició mucho y lo pagó demasiado caro.