San Lorenzo volvió a decepcionar en un clásico

Atomik

San Lorenzo volvió a decepcionar en un clásico

Sin ideas, con decisiones tácticas erradas y una actitud que quedó lejos de lo que exige la camiseta, el equipo de Damián Ayude volvió a fallarle a la gente.

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San Lorenzo volvió a dejar pasar una oportunidad. Y no fue una más. Fue otra de esas chances que aparecen cada tanto para empezar a cortar rachas que pesan, que duelen y que se arrastran desde hace años: no ganarle a Huracán, no ganarle en su cancha, no ganar un clásico. Y tantas otras rachas negativas que el Ciclón sigue acumulando como si ya fueran parte del paisaje.

Lo más preocupante es que enfrente no había un gran Huracán. No hubo un rival arrollador, ni una superioridad futbolística marcada. Hubo, simplemente, un equipo con poco, muy poco. Un Huracán que prácticamente no tuvo ideas, que apostó a la intensidad y que encontró el gol con una fórmula básica: un delantero de casi 1.90 que ganó de cabeza ante Herrera, un lateral derecho reconvertido en central que mide 1.75. Una desventaja física y conceptual que se veía venir desde antes del pitazo inicial.

Y ahí aparece el principal foco de la crítica: Damián Ayude. Porque el clásico se empezó a perder en el banco. El entrenador planteó mal el partido, o directamente no lo planteó. Salió a especular en un clásico, algo que en San Lorenzo siempre se paga caro. Es cierto que tuvo una baja obligada como la de Romaña, pero también es cierto que pidió centrales, y se los trajeron: Guzmán Corujo y además se retuvo a Franco Lorenzón. Ninguno de los dos jugó. La zaga central terminó siendo improvisada, con Herrera fuera de puesto y con un rendimiento muy flojo, aunque lejos de ser el único responsable.

Ayude tuvo toda la semana para preparar este clásico. Venía del triunfo ante Central Córdoba, un partido que San Lorenzo ganó, sí, pero jugando mal. Donde los errores fueron evidentes y donde quedó claro qué esquema no debía volver a utilizarse. Sin embargo, el equipo se paró exactamente igual. La única diferencia es que esta vez enfrente había un rival que lo vivió como una final y lo aprovechó.

San Lorenzo volvió a salir a ver qué pasaba. A especular, a esperar, como viene ocurriendo hace mucho tiempo. La diferencia es que antes, incluso jugando mal, el equipo mostraba actitud. Corría, metía, peleaba cada pelota como si fuera la última. Ayer no. Ayer Huracán jugó el partido de su vida y San Lorenzo uno más del calendario.

La falta de ideas se combinó con la falta de actitud. Huracán, con nada y un poco de ganas, encontró un gol tras una distracción en un lateral y otro ganando de cabeza donde sabía que podía lastimar. No hubo reacción. No hubo rebeldía. No hubo señales de estar jugando un clásico.

Ni siquiera el contexto previo sirvió como combustible. En la antesala del partido, los jugadores fueron insultados, escupidos y agredidos. Situaciones repudiables, sin discusión. Pero ni siquiera eso los despertó. Ni para jugar por sus propios hinchas, ni para devolver dentro de la cancha algo de orgullo y hacer que esos mismos hinchas se fueran con otra cara a sus casas.

San Lorenzo perdió lo último que le quedaba: la actitud. Esa que en 2025, aun jugando mal, lo había llevado lejos. El equipo juega mal desde hace rato, pero la dirigencia decidió renovar al entrenador hasta fin de año. Ahora, con este escenario, los próximos partidos serán determinantes. Porque en San Lorenzo se pueden tolerar errores, malas tardes y derrotas. Lo que no se tolera es no entender qué camiseta se defiende ni qué clase de partidos no se pueden jugar jamás como uno más.