“A San Lorenzo lo quiero hacer clásico, me gusta generar un poco de pica. Por eso hicimos lo del desfile de las Copas”, dijo una vez Raúl Gámez, otrora presidente de Vélez Sarsfield, en una conferencia ante alumnos del Círculo de Periodistas Deportivos. Doblemente grave lo del ex dirigente: reconoció su intención de provocar a la parcialidad visitante y lo justificó ante estudiantes de una carrera que deberían recibir otro tipo de mensajes.
El legado de Gámez hoy salió a la luz, y su plan parece estar vigente. Algunos hinchas de Vélez, con el partido ya finalizado, y con total sentido de la provocación, colgaron dos trapos con el único objetivo de generar problemas. Uno era la ilustración de la Copa Libertadores bajo el signo de prohibido, y otro que tenía la siguiente leyenda: “Falcon Apertura 2010 vs Copa Toyota Libertadores… Clásico?”.
En primer lugar sorprende cómo ingresaron estas dos banderas. La policía, capáz de quitarle una botella de agua mineral a un niño como una pilas a un periodista, “no se dio cuenta” del ingreso de este trapo. Segundo, la permisividad para que la cuelguen con total despropósito en el alambrado en el momento que debían retirarse.
La Policía Federal debió saber los antecedentes de los fortineros, que hicieron destrozos en el estadio de All Boys y mantuvieron serios incidentes durante el partido frente a River, en la jornada pasada. Si la prevención hubiese dicho presente, el comisario a cargo del operativo de seguridad, Carlos Beraldi, no habría recibido un profundo corte en su cabeza y no tendría que estar internado como lo está ahora en el Hospital Churruca.
Cuando los agentes quisieron intervenir, ya era tarde. Hinchas de San Lorenzo buscaron la reacción de la policía para que quiten la bandera y la parcialidad velezana se retire cuanto antes. Sin embargo, las butacas entre la platea Sur y el codo visitante volaban de un lado a otro, con la policía en el medio (inclusive algunos efectivos también arrojaron las sillas de plástico).
La gresca fue aumentando considerablemente hasta que sobre Varela se produjeron fuertes enfrentamientos. Los hinchas de Vélez comenzaron a correr y escaparse por donde podían, pero unos trescientos debieron regresar y refugiarse nuevamente en la popular porque no tenían forma de salir. Los micros estaban dañados y tuvieron que esperar los gases y las balas de goma para poder retirarse caminando con cierta custodia.
Un hecho repudiable pero que pudo ser totalmente evitable si la bandera no hubiese ingresado al estadio o, en última medida, que la policía no permita su utilización en el alambrado. No hubo víctimas fatales de milagro. El plan del señor Gámez logró férreos discípulos dentro de una gestión a la que muchas veces la llaman “modelo”.


