Tengo 29 años y el resultado del domingo para quien escribe estas líneas es inédito. Un 0-3 con Huracán no lo vi ni en bolos celtas. Y me doy más manija: San Lorenzo perdió con la Reserva, contra chicos que ni sus propios hinchas conocían. ¿Estamos en presencia de varios fenómenos? No, estamos presenciando una notable falta de respeto por parte de los jugadores que, cuando se les llama la atención por trasnochar, se ofenden como si en sus espaldas tuviesen los lauros de Messi en el Barcelona. Y encima dicen que si no van a tener lugar prefieren cambiar de aire, como expresó el exageradamente ovacionado Diego Rivero.
Ante la ausencia de autoridad (¿dónde está el Presidente en ejercicio?) Ramón dejará de ser Ángel para transformarse en demonio de varios jugadores, que no seguirán en San Lorenzo de Almagro. Si se evalúa por rendimiento, conducta y balance entre costo/beneficio por compararlo con el cálculo de una empresa, son pocos los que están en condiciones de vestir semejante camiseta.
Como ocurre ante estas tormentas, hinchas, socios, periodistas y allegados opinamos. Tenemos la solución mágica. Creemos que sacando a Balsas por Rovira San Lorenzo está para ganar la Copa Libertadores por primera vez en su historia. ¡Pero qué boludo que es Ramón que no se dio cuenta antes! Rovira puede ser mucho más que Balsas –no me quedan dudas- pero San Lorenzo tiene que dejar de sostener su estructura futbolística con alambres y pensar en un proyecto serio, con el siempre expresado pero nunca ejercitado “a largo plazo”, más allá de los nombres de turno. Cambiar de figuritas puede ser comida para hoy pero hambre para mañana si no hay una mesa que mantenga firme un objetivo concreto.
Los chicos del club pueden tener muchas más condiciones que varios futbolistas que sólo tienen más partidos, roce y futuro económico gracias a lo que generosamente le brindó San Lorenzo. Pero los “grandes” que hoy tiene San Lorenzo no poseen mayor nivel futbolístico ni tampoco un caudal de títulos que los pone como referentes o ganadores por excelencia. El problema de los chicos del club es el club y cómo los prepararon. Más allá de su nivel, ¿están mentalmente preparados y con la identidad necesaria para salir a dar la cara por San Lorenzo? Pueden dar una gran mano, pero no la solución. O al menos ahora no están en condiciones de representar un proyecto ambicioso como el que debería tener el Ciclón.
En cuanto al actual plantel, pocos son los que se salvan. Por nivel de juego, son contados con los dedos de la mano los que pueden seguir. Entre ellos hay dos que ahora se están destacando, pero tampoco se los puede dejar de evaluar: Jonathan Bottinelli y Leandro Romagnoli. El primero está teniendo una conducta opuesta a la que mostró en años anteriores, y parece haber encontrado un grado de madurez. El segundo, por más bien que esté haciendo las cosas, juega en una pierna tras un año de inactividad, donde San Lorenzo lo contrató por un dinero que hoy junta haciendo malabares. Si bien ahora se destaca y da la cara (dentro de un equipo mediocre), una gestión (cual fuera que gane en diciembre) debería hacer un balance de lo que brindó el Pipi en este tiempo de acuerdo a lo que San Lorenzo desembolsó. Es el jugador diferente en cuanto a técnica, y en cuanto a que no es más el chiquito rápido y escurridizo que apilaba oponentes en 2001. Ramón, ¿se podrá poner otro jugador similar para que lo acompañe un poco, como Sebi González?
A veces, por no contar con muchos recursos (los que había se gastaron en jugadores que justamente no rindieron o no tiene relación lo que ganan por lo que rinden) San Lorenzo se perdió, por ejemplo, a un jugador como Walter Erviti. El marplatense, figura en Banfield (sí, ¡en Banfield!) se quedó con sus ganas de volver a Boedo. Parafraseando a un reconocido relator, es un buen momento para que el club logre hacer lo que le conviene al club, y no al futbolista o en su defecto, lo que reclama la masa. En 2004 se pidió por Héctor Veira y, en una decisión electoral, el Bambino asumió y San Lorenzo hizo agua en lo futbolístico. No había proyecto sólido, todo era líquido.
Ramón Díaz también es blanco de críticas. Es lógico, es el técnico. Pero no es tan responsable como el consejo de fútbol o los jugadores. El equipo el torneo pasado salió anteúltimo, y con un poco más en este torneo, se mantuvo invicto ocho fechas y se ganaron varios partidos que antes ni siquiera se empataban.
Tendrá sus caprichos, pero también tendrá sus razones y ahora pasará la escoba por quien debería pasarla. ¿Qué técnico no tiene sus caprichos? ¿Bielsa no murió con la suya en el Mundial de 2002 en primera ronda? ¿Gorosito no utilizó hasta el hartazgo a un tal Carreño? ¿Insua no se encaprichó en seguir en su cargo cuando el ciclo estaba cumplido y, peor aún, se quedó hasta perder un trofeo como la Recopa?
Sin justificación alguna, todavía se escucha que San Lorenzo necesita “un técnico del club”. Pregunto, ¿eran del riñón Tim, Zubeldía, Yudica, Lorenzo, Pellegrini o el propio Ramón Díaz? Quizá Carlos Bianchi antes de ganar todo como técnico de Boca integró la delantera campeona del xeneize en 1969 con Rojas, Ponce y Novello. Quizá lo mejor sea traer un “hombre de la casa”, sin tanta trayectoria y busquemos un quinto o sexto puesto para “ver si se puede entrar a las Copas”, el nuevo consuelo de estos tiempos.
A barajar y dar de nuevo. Pero no en una trasnoche en ronda de poker, sino en la organización de un proyecto futbolístico que vaya más allá de los nombres y hombres, resultados inmediatos y mitos injustificables. Y que la cabeza de todo sea ni más ni menos que San Lorenzo de Almagro.
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