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Arañó el título

de Mundo Azulgrana
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La Primera de hockey sobre césped del Ciclón, que ascendió hace algunos días a la C, tenía que cumplir con una última función para despedir el año: debía jugar contra Olivos un partido definitorio para definir quién era el mejor conjunto de la D en 2010.

A cancha de BANADE fue a jugar dicho encuentro y terminó perdiendo por penales, tras empatar en setenta minutos y en el alargue 4 a 4, con dos tantos de Valeria Ocampo (la figura) y dos de Daniela Maloberti.

Las ganas de las chicas para jugar el desenlace, y el compromiso con la camiseta, estuvieron en todos lados. En la charla previa que mantuvieron, en pequeños gestos, como pintarse con marcador indeleble las siglas bien grandes de San Lorenzo en sus brazos, y en aquellas acciones que cualquiera ve con sus propios ojos: el instante de trabar una bocha, el pedir y dar un pase, el solidarizarse con una compañera en el piso, el festejar abrazadas un gol.

El grupo, que sumó nuevas ausencias como las de Maricel Cillio y Zoe Girado (quienes jugaron todo el año pero decidieron bajarse para la final), se bancó el escenario de jugar un partido tan decisivo como el de ayer. Y vaya si estuvieron cerca de ganarlo.

Regina Pierattini, 17 años, jugó por primera vez en su corta vida 70 minutos completos en el máximo nivel y encima en una definición. Demás está decir que su pulso no le tembló en ningún momento.

O Solange Rodríguez, aquella volante que también dispone de 17 primaveras solamente, que jugó en quinta en 2010 y tuvo que saltar a la titularidad. Dados los piques que realizó y la confianza que demostró, se puede afirmar que no desaprovechó la chance que Landa le dio.

Tampoco tuvo temor Sofía Pérez Amarello, la defensora devenida en arquera que se bancó todo y dejó el alma en cada bocha. No en vano tuvo el reconocimiento más grato del plantel.

Ni hablar de otras integrantes que no pasaron los 20 años todavía y ya están ahí, compenetradas con el objetivo, como Belén Accame, Antonella Sforza, Flora Díaz y Rocío De Sousa.

Ellas, obviamente estuvieron acompañadas por gente de experiencia como Silvana y Daniela Maloberti, Keila Díaz, Erika Limardo, Valeria Ocampo y la capitana, Clara Lo Guercio. Sin lugar a dudas, la tarea que realizó la dueña de la diez fue muy positiva a lo largo de la temporada.

Así, en estas condiciones, con un conjunto lleno de juventud y ganas, el cuervo salió a la cancha, con muchos padres e hinchas como testigos, acompañados por sus banderas, gorros y bombos.

Aunque el comienzo estuvo lejos de ser el esperado por la gente. En solo 25 minutos, Olivos por medio de dos córners cortos se puso 2 a 0. Pero no hubo mucho problema porque minutos más tarde, Belén Accame robó una pelota en mitad de cancha, se la dio a Flora Díaz y ésta, rápida de reflejos, se la dio a Ocampo para descontar.

La número once ofreció el primer grito del santo y, además, colocó el empate gracias a una asistencia de Anto Sforza. Los jueces, con el tiempo cumplido, dieron por finalizada la primera etapa.

En la segunda, las emociones continuaron. Daniela Maloberti demostró que no juega con un palo, sino con una varita para hacer magia. Por eso, con un flick hermoso colocó el tercero del Ciclón. 

Luego, empató nuevamente Olivos con un corner corto e instantes después, otra vez Maloberti decidió cambiar el transcurso de las acciones y metió el 4 a 3. El cuervo fue más que su contrincante, dominó la bola, quiso ir al frente y arriesgó lo suficiente para llevarse el campeonato.
 
Pero no contó con el premio que se merecía y cuando solo faltaba un minuto para el final su rival igualó las acciones. Conclusión: alargue de dos tiempos, de siete minutos y medio cada uno.

En dicho período, la escuadra de Gabriel Landa tiró toda la carne al asador y no realizó ningún tanto. Tampoco Olivos. Por ende, dieron paso al show de los penales.

Previo a los tiros, Landa, Mauri Rojas, el preparador físico, Nacho López, el entrenador de las inferiores que presenció el cotejo desde el banco, y todas las jugadoras se unieron en un abrazo interminable.

Y de a una, fueron disparando hasta que la fortuna le dijo que no a Boedo y sí a Olivos. Existieron lágrimas en varias, nudos en las gargantas en otras porque, en definitiva, querían cerrar el año a todo trapo tras el merecido ascenso.

Empero, el titulo a esa altura pasó a ser un simple detalle, una anécdota. Lo realmente importante y valioso del sábado transitó por algo intangible, algo que se sintió en el aire.

Solo quien haya estado presente lo vivió. Un espectador lo apreció mejor que nadie cuando le dijo, visiblemente emocionado, a quien esto escribe: “La puta madre, como contagian estas pibas, que orgullo, algo tienen ¿verdad?”.

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