Se cumplen nueve años de aquel día histórico, aquel 24 de enero de 2002. Para muchos el primer trofeo internacional de San Lorenzo. Para los que conocen la historia azulgrana fue el quinto. La Copa Río de la Plata se ganó en tres oportunidades: 1923, 1927 y 1948. También decora las vitrinas del club la Copa Escobar Gerona de 1941.
El equipo del Ingeniero Manuel Pellegrini debió enfrentar a rivales poderosos del continente: Nacional, Olimpia, Cerro Porteño, Corinthians y Flamengo. Un gran equipo que era la base del campeón del Clausura 2001, el de los récords.
Imposible olvidarse del último partido de la primera fase. Frente a nacional, en Montevideo, al Ciclón le alcanzaba con un empate. Faltando un minuto el 0 a 0 estaba clavado, hasta que de repente una pelota se mete en el arco de Saja…se metía mejor dicho. Claudio Morel Rodríguez apareció quién sabe de donde para sacar esa pelota en la línea y depositar al equipo en los cuartos de final.
En el gana o pierde San Lorenzo se hizo fuerte. Contra Cerro Porteño ganó ambos partidos: 4-2 en el Bidegain y 2-1 en la Olla Monumental de Paraguay. Frente a Corinthians cayó 2 a 1 en Brasil, pero se repuso y goleó 4 a 1 en el Nuevo Gasómetro.
Las finales merecen un párrafo aparte. En una enorme tarea de equipo, San Lorenzo silenció a un Estadio Maracaná con 80.000 brasileños esperando la victoria del Flamengo. Fue 0 a 0 para dejar la mesa servida en casa.
El club de Boedo sabe mejor que nadie lo que es sufrir. La revancha estaba pautada para el 19 de diciembre, pero el caos social que se desató en la Argentina hizo que el partido definitorio se pasara para el 24 de enero del 2002.
La ansiedad en cada Cuervo ya era inaguantable. Ni hablar cuando a los 10 del primer tiempo Leandro Machado abrió el marcador para los brasileños. Los nervios se aplacaron apenas un poco cuando Estévez empató a los 22 del segundo periodo.
Todo se debía definir en los penales. Romagnoli, Pusineri, Saja y Diego Capria convirtieron. Acosta y Serrizuela fallaron sus tiros. Pero el gran héroe fue Saja. No sólo metió el suyo, sino que también atajo dos, aparte del que Cassio desvió.
Imposible olvidar aquella carrera de Capria hacia la pelota. Ese penal, el último. Le pegó con firmeza, alma, vida y corazón. La pelota se clavó en el ángulo superior izquierdo de Julio César. Y la fiesta se desató. San Lorenzo era campeón, y varias generaciones de Cuervos lo veían campeón internacional por primera vez en su vida.
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