Se venia hablando mucho sobre este partido. El folclore del fútbol se fue transformando hasta llegar a lamentar dos victimas. Primero fue Emmanuel Álvarez en 2008, ahora fue el turno de Ramón Aramayo.
Desde que la parcialidad azulgrana llegó al estadio, se podía “olfatear” que no todo estaba en orden. Mas allá del “mega operativo” de la policía federal, el hincha se sentía desprotegido. El primer episodio de violencia se llevó a cabo cuando la parcialidad local ocupó la entrada de los hinchas azulgranas y arrojaron todo tipo de elementos.
Los simpatizantes de San Lorenzo respondieron, ante la mirada de los efectivos. Éstos últimos, comenzaron a disparar balas de goma sin importar quienes estaban enfrente. Vale aclarar que en ningún momento intentaron dispersar a la gente local.
Una vez calmados los ánimos, el partido se comenzó a jugar, pero duró sólo siete minutos nada más. Ahí se desató la locura y el nerviosismo sobrevoló Liniers. Primero fueron los hinchas de Vélez quienes arrojaron serpentinas sobre el cuerpo de Migliore y luego lo que se vio por TV: los cuervos decidieron parar el partido.
El motivo por el cual la hinchada de San Lorenzo comenzó con los desmanes fue el fallecimiento de Ramón Aramayo, hincha del Ciclón de 36 años, quien fue encontrado muerto en la calle Barragán al 200. Al enterarse esa trágica noticia, se decidió parar el partido, de la misma manera que había ocurrido cuando perdió la vida el hincha de Vélez.
Se desconoce el motivo del fallecimiento de Bagarrán. Hay quienes aseguran que la policía terminó con su vida, pero también circulan otras versiones que no pudieron ser confirmadas. En un principio, se dijo que era menor de edad y que había sido por enfrentamientos con la gente local.
Con la suspensión del partido confirmada, el simpatizante visitante se retiró, pero la violencia se volvió a instalar en diversos choques con los agentes de seguridad. Vale aclarar que había puertas cerradas, lo que dificultaba la desocupación del estadio.
En una nueva oportunidad, la policía vuelve a estar en la mira de todos. Cada vez hay más efectivos en las canchas, pero la violencia no tiene fin.


