Era raro el clima que se vivía en las inmediaciones del estadio José Amalfitani. Se notaba tensión y caras del público local esperando el momento para reaccionar violentamente. El almuerzo entre los presidentes de San Lorenzo y Vélez pidiendo no violencia poco pareció importarles a unos cuantos.
Versiones hay muchas. Será difícil armar el rompecabezas con la cronología de los hechos. Para comenzar, cerca de las 15, en Barragán y la Autopista comenzaba a llegar gente de San Lorenzo. Algunos testigos sostienen que la policía permitió el paso de unos 40 hinchas de Vélez desde la calle Reservistas Argentinos. Una vez que pasaron, la policía intentó pararlos. Al querer salir la gente de San Lorenzo, fue reprimida a palazos y gases.
Pasadas las 15:15 hubo otro episodio en Juan B. Justo. Mucha gente de Vélez (barrras e hinchas comunes, incluyendo mujeres), quisieron emboscar a la gente del Ciclón. Se dirigían en dirección a la Autopista. Algunos quisieron dar la vuelta hacia Barragán. Hombres de edad adulta arengaban al grito de “¡Vamos todos!”. Volaron piedras de todos los tamaños. Los micros de la barra azulgrana fueron desviados. En ese momento hubo algunos minutos de zona liberada hasta que apareció la montada generando corridas típicas de situaciones como esta.
Una vez que comenzó el partido, la barra se enteró de la muerte de Ramón Aramayo. En un minuto se descolgaron todas las banderas y se comenzó a romper el alambrado para conseguir la suspensión del partido. Parte del público visitante se sumó arrojando butacas al campo. En lo alto de la platea se lo podía ver a Carlos Abdo pidiendo por favor que pararan de romper todo.
Desde la tribuna se observaba que la barra de Vélez, al ver la intención de suspender el partido por parte de los cuervos, comenzó a bajar para pasar por debajo de la Platea Sur en busca de la gente de San Lorenzo. Anteriormente, habían dejado ver un paraguas con los colores del Ciclón –ver foto-. ¿Cómo pasó por los cacheos?
A la salida hubo disturbios entre la gente azulgrana y la policía. Se dio un cruce en Barragán al 200, lugar donde ya había murto Ramón Aramayo.
En cuanto a la muerte del hincha, muchos testigos sostienen que Aramayo fue esposado y golpeado. Supuestamente no quiso ser cacheado y se le encontró un cigarrillo de marihuana. Ante esto, la policía no sólo lo golpeó, sino que también le apretaron los testículos. Al ver que algo andaba mal, le soltaron las esposas y lo socorrió Juan Pablo, un amigo del fallecido.
Ante esta situación, mucho se habla sobre una relación entre Vélez y la Comisaria Nº44. Un forista de La Nación escribió lo siguiente: “La barra brava de Vélez es la policía…lo digo con conocimiento de causa. El ex Comisario Capuchetti (ex 44 e hincha de Vélez) hace las custodias a los pibitos de la Pandilla y viaja con ellos en los mismos micros que salen de la Villa Olímpica, cuando van de visitantes con 50 a 100 policías más”.
Alberto Crescenti, Director del SAME, reconoció que el cuerpo tenía politraumatismos. La policía se cubre diciendo que fue un paro cardíaco. El tema es saber por qué llegó a eso. Si no era golpeado, Ramón Aramayo no se hubiese muerto. El parte de la autopsia es parcial e indica que los golpes no fueron mortales. Cuesta creerlo.


