Sebastián Torrico será por siempre uno de los arqueros más recordados de San Lorenzo. Entró al club de forma temporal para reemplazar a Pablo Migliore en el medio de un campeonato y de a poco fue metiéndose en el corazón de todos.
El Cóndor se presentó siendo figura en los penales contra Deportivo Morón en la cancha de Platense por Copa Argentina y de a poco se fue adueñando del arco azulgrana. Pasaron los dos meses y el mendocino firmó su vínculo con San Lorenzo por más tiempo y en su primer torneo completo, fue una de las figuras con atajadas claves ante Boca y Vélez para lograr el campeonato y la primera vuelta olímpica del club después de seis años.
Al año siguiente el Ciclón disputó la Copa Libertadores que finalmente conquistó. Torrico disputó de forma completa los 14 partidos y tuvo especial presencia ante Gremio y Cruzeiro por los octavos y cuartos de final respectivamente. Con la copa bajo el brazo se fue convirtiendo en ídolo.
Hace una semana sufrió la perdida de su hijo Justino que había nacido prematuramente y el domingo cumplió 100 partidos en el arco azulgrana haciéndolo a su manera: salvó el gol que hubiera significado la derrota en los últimos minutos del partido. El grupo artístico de Boedo lo condecoró a su manera, pintándolo para dejarlo por la eternidad en la casa del club que supo meterse en el corazón.


