A la altura, pese a los demonios internos y externos

Atomik

A la altura, pese a los demonios internos y externos

El San Lorenzo de Leandro Romagnoli debió luchar contra todo y todos en la serie de octavos. Sumergido en un escenario totalmente adverso, fue más y mereció otro final en la Copa. Que sirva para crecer.

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No se trata de romantizar la derrota. No se trata de endulzar un trago que de seguro para todos los hinchas de San Lorenzo es el más amargo de todos. Tampoco se trata de decorar con florcitas un cuadro que no es nada agradable a la vista. El escenario fue y sigue siendo muy feo para este Ciclón sufrido. Sin embargo, la actuación del equipo de Leandro Romagnoli dejó al menos una sensación diferente, positiva entre tanto negativismo. Los pibes y los grandes estuvieron a la altura, no solamente en Belo Horizonte, sino en toda la serie de octavos de final de la Copa Libertadores pese al resultado final de derrota (1-2 en el global) y a tener absolutamente todo en contra.

Sin temor a caer en una exageración, San Lorenzo llegó al compromiso más importante del año en condiciones totalmente desfavorables. El Panorama era -y es- incuestionablemente adverso por donde se lo mire. Sin más que el espíritu deportivo y el compromiso de defender el escudo con el viejo lema futbolero que reza que dentro de la cancha son 11 contra 11, los dirigidos por Pipi lucharon, jugaron y merecieron otro final.

Fueron más que el rival en casi todos los aspectos, menos en uno esencial: la efectividad. El fútbol, al fin y al cabo, se gana con goles y no con merecimientos. Si hay algún partido que es el fiel reflejo de esa máxima fue el de este martes en Brasil. Atlético Mineiro no hizo méritos, pero no falló en el área de enfrente. Su contundencia fue lo único que lo empujó hacia cuartos de final.

Por eso es valorable lo de este San Lorenzo de Romagnoli. Porque debió despojarse de todos los demonios que lo viven atormentado en el día a día de un club en constante conflicto interno. Justamente desde lo dirigencial se hizo todo lo posible para dinamitar la paz cotidiana y no darle a los jugadores un ambiente de tranquilidad. Con las bombas que se tiraban de un lado y del otro entre Moretti, Ortigoza y compañía propiciaron un clima de trabajo nada amigable.

El plantel se terminó de conformar tarde. Romagnoli debió esperar más de la cuenta en poder usar a los refuerzos que llegaron en tiempo y forma. Eso atrasó la preparación y el ensamble de algunas piezas. Otras caras nuevas llegaron a destiempo, como Nahuel Bustos y Facundo Bruera, por ejemplo.

Los malos resultados, producto de malos rendimientos, claro está, se sucedieron en el plano local. La tabla lo muestra cada vez más abajo y los hinchas más ansiosos y extremistas ya alertan sobre la preocupación de acercarse a la zona roja del descenso. A eso se le sumo un golpazo que restó aún más en el ánimo de un plantel ya lastimado: la eliminación de la Copa Argentina.

Así y todo, el entrenador, que había puesto su cargo sobre la mesa luego de perder contra Atlético Tucumán, continuó y logró en poquitos días armar una burbuja para aislar a sus muchachos. El duelo de ida el Ciclón lo protagonizó y no lo terminó con una victoria por el error de Facundo Altamirano, que dolió como un golpe al hígado en plena noche copera.

En el medio, Boca. Otra vez un equipo a la altura pese a todo. Y otra vez un impacto que lo bajó de prepo, ahora en forma de perjuicio arbitral con el grosero penal no cobrado del arquero Brey sobre Vombergar cuando San Lorenzo ya estaba ganando 1-0 en una Bombonera que se había olvidado de latir y temblaba de bronca contra sus propios futbolistas. El resultado final ya se conoce.

Poco más de 50 horas después (porque se dispuso que el clásico se jugase el domingo pese a que los de Boedo debían viajar y jugar en Brasil el martes), San Lorenzo piso territorio mineiro para ir en busca de la proeza. Y, de nuevo, pese a tener todo en contra, el elenco azulgrana fue más.

Con el árbitro chileno en contra, que no echó a Otávio por un planchazo artero a Nicolás Tripichio cuando San Lorenzo tenía las riendas y la serie estaba igualada. Con un clima hostil, una manga que se abrió antes de tiempo, un partido frenado por los gases que se arrojaron dentro del estadio por la feroz represión policial contra los cuervos mientras la pelota rodaba igual sobre el césped. Con el juez sin contemplar todo el tiempo perdido en esos 10 minutos adicionados...

Abdolutamente nada de su lado tuvo San Lorenzo. Y en ese contexto más negro y espeso que el petroleo, el equipo entregó corazón, ímptu, algo de fútbol, concentración y compromiso con la camiseta. Le faltó el gol. Concretar las situaciones generadas, algo que aprovechó al máximo el rival.

Pese a todo y a todos, pese a los males ajenos y a las miserias propias, el San Lorenzo del Pipi levantó la cabeza. Ojo, deberá despojar esta actuación de la eliminación y utilizarla como combustible para empezar a levantar vuelo de cara a lo que viene. Sino todo será en vano. Sino todas esas penurias que hoy rodean y maniatan al club lo terminarán devorando.

Por @LanzillottaOk