La increíble historia de San Lorenzo de Mozambique

Atomik

La increíble historia de San Lorenzo de Mozambique

Un cura argentino llevó una pelota a una comunidad africana y sucedió la magia del fútbol. Llegaron camisetas del Ciclón y todo fluyó.

Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir en WhatsApp

En Boedo no es solo una historia; es una forma de entender la vida. Y en San Lorenzo de Almagro todo empezó con un cura que no miró para otro lado. Allá por 1908, Lorenzo Massa abrió las puertas del Oratorio San Antonio para sacar a los pibes de la calle y darles un lugar para jugar a la pelota seguros. Más de un siglo después, ese mismo espíritu cruzó el océano y volvió a aparecer en África. Sí, en Mozambique. Y otra vez con un cura argentino como protagonista. Otra vez con una pelota. Otra vez con el Ciclón como bandera.


Desde Quixaxe, en el norte mozambiqueño, el padre Guillermo Gómez le contó su historia a Mundo Azulgrana. Y lo hizo con una frase que lo resume todo: “Todo comenzó con una pelota de fútbol”. Nacido en Trenque Lauquen y con pasado en Lincoln, el cura se llevó mucho más que equipaje cuando partió. Cargó con la esencia azulgrana sin saber hasta dónde iba a llegar.


“Cuando llegué inflé la pelota y la tiré, no hizo falta decir nada. Se armó solo. Empezaron a jugar, a reírse, a compartir… ahí entendí que el fútbol iba a ser el puente”, relató. Y claro, en Boedo esa escena ya la vimos.


El camino que lo llevó hasta África también tiene ese ADN solidario que identifica a San Lorenzo. Inspirado por la misión del padre Juan Gabriel Arias en Mozambique y por el mensaje de Papa Francisco, Gómez no dudó en dar el paso. “Me quedó muy grabado eso de salir de nuestras comodidades y encontrarnos con los que más necesitan. Sentí que tenía que venir”, explicó en diálogo con este medio.


El golpe de realidad fue fuerte. “La vida acá es dura, muy precaria. La malaria está muy presente. Pero también hay una riqueza humana enorme”, contó. Y agregó con una mezcla de sinceridad y fe: “Tal vez hubiera sido mejor venir siendo más joven, pero Dios llama en cualquier momento y hay que responder”.


En medio de ese contexto, la pelota volvió a ser protagonista. “Todos los días me piden jugar. ‘Senhor padre, poderia emprestrar-me a bola?’, me dicen. Y ahí van, no importa la edad”, relató con una sonrisa que se adivina a la distancia.


Pero lo que empezó como un juego se transformó en algo mucho más grande. “La misma gente me propuso armar un equipo. Y lo más lindo fue que no solo uno de varones, también uno de mujeres. Eso acá es algo totalmente nuevo”, explicó.


Así nació el Clube Atlético São Lourenço de Moçambique. Con camisetas que llegaron gracias al empuje de peñas azulgranas y gente del mundo cuervo, el escudo de San Lorenzo volvió a latir fuerte, esta vez en África. “Cuando se pusieron la camiseta fue muy emocionante. Para ellos es muchísimo más que ropa, es pertenecer a algo”, contó Gómez.


Y si hay algo que lo marcó, fue el impacto en las mujeres. “Ellas son las más comprometidas, las que más entrenan, las que más se entusiasman. En un lugar donde casi no tienen espacios, esto es muy importante”, destacó.


El primer partido oficial femenino, jugado en Pascuas, fue una postal inolvidable. “Verlas jugar, competir, disfrutar… fue algo muy fuerte. Sentí que ahí estaba pasando algo importante de verdad”, dijo. El proyecto sigue creciendo, con una liga juvenil vinculada a Scholas y con el sueño de que el club de Boedo, el verdadero, tienda puentes. “Me dijeron que hay intención de San Lorenzo de contactarse. Ojalá se dé, sería hermoso”, confesó.


Mientras tanto, el padre Guillermo vive el presente con intensidad… y sin apuro por volver. “En octubre debería regresar, pero la verdad… si es por mí, me quedaría”, admitió.
Esto no es casualidad. Es San Lorenzo siendo San Lorenzo. Es el legado de Lorenzo Massa vivo. Es Boedo expandiéndose sin fronteras. De 1908 a hoy. De una pelota a una revolución silenciosa.