Nos gusta el fútbol. Queremos sólo ver la camiseta de San Lorenzo todos los domingos. Donde juegue. Queremos verlo campeón, o siempre peleando “ahí arriba”. Soñamos con la tan negada Libertadores. Queremos que vengan los mejores jugadores. Queremos cantar y bailar … llenar las canchas con “La Gloriosa”. No nos importa la política, ni los dirigentes. Queremos volver a Boedo.
Todo bien. Pero … la realidad nos muestra otra cosa. Y aunque nuestra pasión y nuestro acompañamiento no decaiga jamás, vemos lejanas nuestras expectativas.
Sabido es que en los tiempos que se viven en todo el mundo, y con el fútbol como uno de los principales negocios en crecimiento, gobierna -¿cuándo no?- el vil metal, la guita.
Y desde allí, como consecuencia de los manejos financieros y la administración de los Clubes, aparecen los resultados, buenos si las decisiones son acertadas, y negativos cuando no se sabe conducir, o se es sencillamente deshonesto.
¿Qué tenemos frente a nuestros ojos (si queremos ver) por estos
días en San Lorenzo?
Un Club con una Ciudad Deportiva en continua decadencia, muy lejana
de la Av. La Plata, adonde quisiéramos estar. No hay plata, ni
intenciones, de invertir en la vuelta a Boedo.
Un Club bastardeado por la mAFiA ante el silencio cómplice de tres dirigentes que ya le regalaron a Boca dos campeonatos.
Una imagen diaria de San Lorenzo que bordea el ridículo. Ya nada nos asombra, aunque duelan los bofetazos:
* Se traen jugadores que aunque pasan
supuestas revisaciones médicas, al poco tiempo aparecen con
lesiones, o directamente rotos, casi ex-jugadores con renombre
desgastado. Eso sí, cobran y reparten importantes sumas de dinero
en sueldos del primer mundo, mientras su rendimiento pasa por
“movimientos regenerativos” o trotes al costado de la línea de
cal.
* Se accede a solucionar problemas de retorno de
otros renombrados, mientras esa generosidad o paternalismo obtiene
una repetida respuesta: cartas documento inhibiendo al club,
declaraciones en los diarios de desprecio a la azulgrana, gestos
desafiantes o directamente agraviantes para los directivos,
técnicos, y hasta con los hinchas, que sostienen con su esfuerzo la
verdadera pasión. Hablando claro…se ríen de San Lorenzo.
* Vienen al Club algunos renombrados que, en
muchos casos, juegan sin ganas y cobran con placer, postergando
siempre las promesas de las inferiores. O ahora, además de algún
renombrado, vienen emigrantes desconocidos, o suplentes de equipos
del ascenso.
* Se repiten las ausencias a los entrenamientos,
mientras se exhibe asistencia perfecta a los boliches de la noche
de Buenos Aires. Total: nunca hay sanción.
* Las camarillas destrozan la armonía del
plantel y, aunque se intenta desmantelarlas (a veces), se regeneran
inmediatamente cambiando y multiplicando a sus integrantes. Algunos
han sido beneficiarios de “resarcimientos” o “anticipos de futuras
ventas”.
* Los jugadores que apenas juegan más o menos
bien un par de partidos son cedidos de cualquier forma espuria, por
valores que mueven a la risa. Repasar los montos en los otros
clubes de primera venden a sus estrellitas, y pensar en cuánto
fueron negociados jugadores como Zabaleta, Gonzalo Rodríguez,
Lavezzi, o la miseria que dejaron las salidas de otros de menor
renombre como Montillo, J.Ortiz o Acevedo (dos “5” mejores que
Leiva o el Chaco).
* Agentes y representantes aparecen siempre
cobrando grandes comisiones, aunque las operaciones se hagan de
Club a Club con la distancia que separa Boedo de Sarandí.
Ésta es la verdad. Ésta es la distancia entre nuestros deseos y la caricatura de Club que han construido Savino y sus secuaces. Un Club que se desbarranca diariamente por el caos financiero al que lo llevaron una manga de … (cuanto menos) irresponsables.
Que ya ni siquiera reúnen quorum en las sesiones de Comisión Directiva. Y que lucran con el desastre del San Lorenzo endeudado que lograron conseguir.
La política existe y la que aplican en nuestro CASLA, es la peor de todas. Echémoslos pronto. Antes que sea tarde.
Fuente: Progreso Azulgrana


