Se festeja con el alma y con el corazón, en una situación tan cumbre como la actual, un triunfo vale mucho más que el oro. Así lo entendió la gente, los jugadores y todo el que respire sangre Azulgrana. San Lorenzo por fin pudo cantar victoria, sufrida y luchada, pero victoria al fin. Ese gol de Benítez le da aire a un equipo golpeado e inmerso en la tan temida zona de Promoción, y le permite mirar con esperanza el futuro, dar ánimo de que la salvación y permanencia en Primera, es posible.
Antes, hubo un primer tiempo en el que poco se mostró: aburrido, peleado, con pierna fuerte y sin ideas. No sólo por parte del Ciclón, sino también por parte del Bicho…Hasta que en el complemento, cuando iban sólo cuatro minutos, el uruguayo Bueno recibió sólo, quiso eludir a Nereo Fernández, pero la pelota rebotó en el pecho del arquero, y el balón le quedó en los pies a Nahuel Benítez, quien definió a arco vacío mientras el línea levantaba la bandera, marcando un inexistente fuera de juego.
A partir de allí, el encuentro se abrió y se hizo más dinámico. El juego del Ciclón creció, pero tampoco al punto de brillar y dominar. Pudo haber ampliado a través de Bueno, uno de los puntos altos de la noche. Hubo tiempo también para Romagnoli y Gigliotti en el complemento, que aportaron frescura y velocidad en ataque. Aunque es cierto a su vez, que el Bicho, pudo empatarlo, sin embargo, siempre se encontró con las manos de Champagne o padeció su mala puntería.
Lo cierto es que el Ciclón volvió a sumar de tres luego de mucho tiempo, y obtuvo su segunda victoria de los últimos once partidos. Poco, pero al menos un mínimo de aire para tomar un envión e ir por más, y qué mejor que hacerlo el domingo en el clásico, para cortarle el invicto a los hijos de la Ribera. Con Boca será un partido aparte, y los tres puntos deberán quedar en casa. Se puede Ciclón.


