Antes de la final del Mundial en New Jersey, la historia rescata una gira de 1947 que dejó una marca imborrable en el fútbol europeo.
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Este domingo, Argentina y España definirán la Copa del Mundo 2026 en New Jersey, Estados Unidos, en un duelo que paralizará a los dos países. Pero el cruce entre ambas potencias tiene un antecedente con sello azulgrana: hace casi 80 años, San Lorenzo protagonizó una gira por Europa que todavía hoy se recuerdan como un punto de inflexión en la historia del fútbol español.
Corría el invierno europeo de 1946-47 y el Ciclón, campeón argentino de 1946, emprendió una serie histórica por España. El plantel dirigido por José Omar desembarcó con figuras como René Pontoni, Rinaldo Martino, Armando Farro y Ángel Zubieta, y su fútbol de pases cortos generó una expectación enorme. El diario Marca, principal medio deportivo español, siguió cada paso de la delegación: la llegada en tren a Barcelona, las recepciones oficiales en el Ayuntamiento y la Diputación, los coleccionistas de autógrafos que rodeaban al plantel y hasta los entrenamientos en campo ajeno.
Antes de los duelos con el seleccionado, el conjunto de Boedo ya había jugado dos veces en el Estadio Metropolitano de Madrid: victoria 4-1 ante el Atlético Aviación (hoy Atlético de Madrid) y derrota por el mismo marcador frente al Real Madrid. La fama de los campeones argentinos crecía partido a partido.
Las Corts: el primer aviso ante un combinado español
El 1 de enero de 1947, San Lorenzo se presentó en el estadio de Las Corts, en Barcelona, ante un lleno absoluto. En la tribuna flameaban las banderas de los clubes españoles de Primera División y, en el medio, la de la República Argentina. Enfrente estuvo un combinado español: una mezcla de jugadores internacionales, aspirantes a la selección y veteranos que buscaban volver, reunidos como ensayo de cara al duelo ante Portugal del 26 de enero en Lisboa.
El local golpeó primero y se puso 2-0 en apenas 14 minutos con goles de Herrerita y Arza. Pero la reacción azulgrana fue demoledora: tres tantos en pocos minutos, de Farro, Pontoni y Martino, dieron vuelta el marcador antes del descanso. En el complemento, España volvió a ponerse en ventaja con Escolá y un cañonazo de Lángara, aunque el Ciclón respondió otra vez con una ráfaga de Martino, Pontoni —dos veces— y De la Mata para sellar el 7-5 final. El santafesino Pontoni firmó tres goles y Martino un doblete.
Los medios de España, rendidos ante San Lorenzo
Marca tituló que el conjunto local “se hundió ante la rapidez y precisión de los argentinos” y describió un fútbol de “dominio de balón, precisión en el pase y velocidad”, con jugadores que daban la sensación “de no sudar lo más mínimo la camiseta” y de tener “un fondo inacabable”. El periódico también destacó la limpieza del juego: las faltas “no llegaron a media docena” en toda la tarde.
Las repercusiones fueron inmediatas. Rosendo Calvet, secretario técnico del Barcelona, declaró que San Lorenzo “había enseñado cómo debe jugarse al fútbol”. El árbitro inglés George Reader lo comparó con el juego británico: “Buen fútbol, parecido al que se juega en Inglaterra”. El entrenador Omar explicó la clave: “Acertamos en nuestro juego de pase corto, y los españoles han fallado en su táctica de pase largo”. Y el seleccionador español, Pablo Hernández Coronado, relativizó la derrota con una aclaración que le daría aún más valor a lo que vendría: “No olvidemos que nuestro equipo no era una selección, sino un conjunto de tanteo”.
El Metropolitano: exhibición ante la Selección de España
La revancha llegó el 16 de enero de 1947 en el Estadio Metropolitano de Madrid, y esta vez el desafío fue mayor. Ya no se trató de un simple combinado: Hernández Coronado convocó a la base de la Selección de España que diez días después enfrentaría a Portugal en Lisboa, con nombres consagrados como Zarra, Epi, Arza, Iriondo, Campos y Bañón. La propia prensa española lo planteó como el examen definitivo del equipo nacional, y no como un entrenamiento más: se buscaba “la conjunción precisa para desplazarse a Lisboa”.
En la previa, los españoles rebosaban confianza. Arza pronosticó “un triunfo español” por el “afán de desquite”. Iriondo fue más allá: “Este equipo, por haber visto jugar a los argentinos, debe ganar. El juego español se caracteriza por el brío y el entusiasmo. ¿Por qué no podemos ganar con estas armas?”. Epi apeló al alma: “España puede… y debe triunfar”.
El marco fue imponente: 60.000 espectadores colmaron el estadio, con localidades especiales habilitadas, aficionados llegados de toda España y la presencia de Francisco Franco en el palco presidencial, acompañado por su esposa, el embajador argentino Pedro Radío, los ministros de Asuntos Exteriores y Justicia y el delegado nacional de Deportes. El jefe del Estado español fue aclamado a su llegada y presenció el partido completo.
Y San Lorenzo respondió con una exhibición histórica: 6-1. El primer gol llegó a los 24 minutos por medio de Farro, tras una jugada de pases cortos con De la Mata que la crónica celebró “por su rapidez y precisión”. Dos minutos después, Pontoni amplió tras una pared con Martino. En el segundo tiempo el dominio fue aplastante. Otro de Farro, un penal convertido por Zubieta, por falta de Eguíluz. El quinto de Pontoni escapándose de la defensa y el sexto de Silva, con un remate cruzado que entró pegado al poste. Escudero descontó de cabeza cuando faltaba minuto y medio.
El desconcierto local fue tal que, según las crónicas, el público terminó aplaudiendo las jugadas de los argentinos, recriminando a los propios y expresando su desaprobación con pañuelos. La única figura española fue el arquero Bañón: al final del partido, parte del público saltó al campo y lo sacó en hombros por haber evitado una goleada mayor. En las tribunas se escuchó una frase que pintó la tarde: “¡Menos mal que, frente a Portugal, tendremos un portero!”.
“No tienen nada que aprender, sino que pueden enseñar”
Las declaraciones posteriores retrataron la magnitud del impacto. Tavares da Silva, seleccionador de Portugal presente en Madrid, fue contundente: “¡El equipo argentino es una maravilla! En dominio del balón, pase, finta y regate no tienen nada que aprender, sino que pueden enseñar”. Y agregó una definición que quedó para la historia: “Es un equipo en la verdadera acepción de la palabra. Tan equipo, que ningún jugador se distingue en él. Todos se asemejan. Parecen gotas de la misma agua”.
Hernández Coronado reconoció en el vestuario: “Un combinado juega siempre menos que un equipo de club. Actuó mal…, mucho peor que en Barcelona”. Y completó su balance: “Todos han actuado por bajo de sus posibilidades. El mejor, y único, Bañón”. El propio Tavares da Silva señaló que los españoles “adoptaron el sistema argentino y se olvidaron de sus cualidades”, una frase que anticipó el debate que la gira instaló en el fútbol peninsular.
Del lado azulgrana, el festejo tuvo color propio: De la Mata, Imbelloni, Grecco y Peñalba irrumpieron en el vestuario al son de un tango criollo, en la tercera visita del equipo a ese camarín del Metropolitano. El entrenador Omar resumió: “El equipo español anduvo un poco perdido por el campo; hicimos algo para agradar a la gente, y creo que se logró”. La única nota negativa fue la lesión de Imbelloni, que sufrió una torsión de tobillo tras un resbalón.
Es que aquellos dos partidos marcaron un antes y un después. La prensa española pasó de la confianza a la admiración. Marca describió el juego azulgrana como “fútbol puro cien por cien”. Comparó a los jugadores de San Lorenzo con artistas que “torean de salón”. También elogió especialmente a Pontoni, “desmarcado siempre”, a De la Mata y su precisión, y al pequeño Imbelloni. El estilo de toque, movilidad y precisión que mostró el Ciclón se convirtió en espejo y en materia de estudio para un fútbol español. Hasta entonces, se definía por la furia y el empuje. Hasta la publicidad se rindió al fenómeno. Un dentífrico publicó a página completa una caricatura de todo el plantel azulgrana, con Blazina, Zubieta, Pontoni y compañía convertidos en figuras populares en Madrid.
Un detalle más habla del interés que despertó el Ciclón: tras el 7-5 de Barcelona, Granada, Sevilla y Bilbao se disputaban la visita de los argentinos, y la prensa bromeaba con que, por orden de petición de partidos, San Lorenzo “podrá volver a la Argentina a finales del año 1947”.
De 1947 a New Jersey
Casi ocho décadas después, Argentina y España volverán a verse las caras, ahora con un título mundial en juego. El contexto es otro: profesionalismo global, estadios de última generación y una final que se jugará en Estados Unidos. Pero la memoria del fútbol guarda aquel capítulo fundacional en el que un club argentino, San Lorenzo de Almagro, le mostró a España un camino distinto.
Aquella gira dejó números elocuentes: 13 goles en dos partidos ante lo mejor del fútbol español de la época, primero frente a un combinado en Barcelona y luego frente a la base de la propia Selección, con Franco como testigo en Madrid. Este domingo, cuando ruede la pelota en New Jersey, habrá un rincón de Boedo que podrá decir que la historia entre ambos países empezó a escribirse, en gran parte, con tinta azulgrana.


