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Papelón internacional: San Lorenzo perdió con Recoleta y quedó afuera de todo

de Nahuel Lanzillotta
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San Lorenzo perdió y quedó eliminado.

El equipo de Gustavo Álvarez quedó tercero en el Grupo D tras caer de local ante los debutantes paraguayos.

Todo servido en bandeja. Todo. San Lorenzo había hecho lo más difícil en Brasil: levantarse de un 0-2 en Vila Belmiro, rescatar un empate con alma y quedar a un paso de los octavos de final de la Copa Sudamericana. Dependía de sí mismo, de su gente y de su casa. Había que ganarle en el Nuevo Gasómetro a Recoleta, un equipo humilde de Paraguay, y seguir vivo. Pero el fútbol no entiende de lógica ni de merecimientos. Y este Ciclón, que tantas veces coquetea con la épica, esta vez terminó protagonizando otro papelón internacional.

Porque Recoleta pegó una sola vez y le alcanzó para congelar Boedo. Un contragolpe perfecto, una defensa abierta de par en par y Allan Wlk definiendo ante Orlando Gill para el 1-0 que terminó siendo un mazazo imposible de digerir. Mientras tanto, en Brasil, Santos hacía su trabajo goleando a Deportivo Cuenca y dejando todavía más dolorosa la eliminación azulgrana: San Lorenzo quedó afuera incluso del repechaje de 16avos. Cachetazo histórico. Y de los que dejan marca.

El equipo de Gustavo Alvarez salió tan acelerado que terminó jugando en contra de sí mismo. A los cinco minutos parecía que el partido estaba en tiempo de descuento. Intensidad, presión, vértigo… y desorden. Porque en esa desesperación por pasarle por arriba al rival, el Ciclón se olvidó de algo básico: defenderse. Y Recoleta, que casi no había cruzado mitad de cancha, encontró la autopista servida para pegar donde más dolía.

Hasta el gol paraguayo, San Lorenzo había mostrado cosas interesantes en ataque. Alvarez apostó fuerte con un esquema ultra ofensivo, un 3-3-2-2 que tenía a Nahuel Barrios y Facundo Gulli como cerebros. El Perrito rompía líneas con gambeta y rebeldía, mientras que el pibe Gulli filtraba pases que dejaban mano a mano a Mathias De Ritis y Rodrigo Auzmendi. Pero ahí apareció el viejo problema de este equipo: la falta de eficacia. Porque las chances estuvieron. Lo que faltó fue meterla.

Recoleta se defendía como podía, metido atrás, revoleando todo y haciendo tiempo desde temprano. El libreto clásico del equipo paraguayo copero: meter, cortar y ensuciar el partido. Y San Lorenzo cayó redondito en la trampa. Después del gol visitante apareció la ansiedad, el apuro, las malas decisiones y los centros sin destino. La gente, lejos de reprochar, empujó como siempre. Porque si algo no se le puede discutir a este club es el aguante de su gente, incluso cuando adentro de la cancha el equipo se desmorona emocionalmente.

En el complemento hubo intentos, claro. Gulli probó desde afuera, Alexis Cuello también, pero Nelson Ferreira se convirtió en figura. Alvarez movió el banco buscando alguna reacción desesperada: entraron Matías Reali, Luciano Vietto, Gregorio Rodríguez y Diego Herazo. Más nombres ofensivos, más empuje, más confusión. Porque la realidad es que San Lorenzo terminó tirando centros y voluntad, pero casi nada de fútbol.

La tensión explotó todavía más con el duro choque que dejó a Wilfrido Báez tendido varios minutos y retirado en ambulancia. Y después del parate, el clima ya era de nerviosismo total. Desde las tribunas bajó el clásico “¡Movete, Boedo, movete!”, mezcla de aliento y desesperación. Barrios ya no tenía piernas, Gulli se fue apagando y los delanteros quedaron aislados entre camisetas amarillas.

Ni siquiera los 12 minutos de descuento alcanzaron para torcer una noche maldita. Y como si faltara un golpe más para completar la tragedia, Orlando Gill atajó un penal sobre el final que apenas sirvió para maquillar un cierre que ya estaba escrito.

San Lorenzo volvió a fallar cuando más fácil parecía tenerlo. Y en Boedo saben que hay derrotas que duelen… pero hay eliminaciones que directamente dejan cicatrices.

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