“Sin ser insustituible, es, sin embargo, un verdadero puntal por la eficacia de su juego. Es sobrio en sus características, él no esta nunca demasiado bien o demasiado mal. Su juego es una regularidad pasmosa”. Así era retratado Arturo Arrieta por los diarios de la década del 30. Así, con esas características, de a poco fue transformándose en gloria y en ídolo de San Lorenzo.
Surgido de las divisiones inferiores del Club de Boedo, Arrieta siempre resaltó por su velocidad como wing izquierdo y formó una notable dupla de ataque con Diego García.
Vistió los colores azulgrana en 315 oportunidades convirtiendo 67 goles y también fue un hombre de la Selección Nacional, en la que llegó a jugar 5 partidos, anotando un gol.
Su carrera estuvo marcada por la mala fortuna ya que, varias veces, tuvo que salir golpeado del campo de juego, e inclusive, en una ocasión se creyó que nunca más volvería a jugar al futbol. Sin embargo, se recuperó, comenzando en la Reserva de San Lorenzo para luego volver a la Primera.
“De nuevo sus veloces corridas, sus esquives sencillos, sus jugadas plenas de sutilezas y sus centros precisos, arrancaron ovaciones de las tribunas sanlorencistas que tanto quieren al correcto jugador de calidad excepcional y suerte poco propicia”, aseguraba una crónica de la época.
Nota: Gentileza de “El Cuervo” – Un Sentimiento Inexplicable – Cada día, un recuerdo.


