Ser “rastrero” a veces tiene sus beneficios. Imagino que al estar “arrastrado” se sufren menos las consecuencias de los gases. Siempre fue igual. La única vez que dejaron de arrastrarse fue cuando “saltaron una pared”, desgraciadamente con la complicidad de “propios”, para llevarse como souvenir algo que ansiaron toda la vida: Tener algo de papá. Un recuerdo, algo al que abrazarse todas la noches, sentirle el olor y por unos minutos nomás imaginar lo que es salir campeón, ganar algo, tener glorias, dar vueltas olímpicas y todo eso que vos, hijo, con ya 36 años no conocés.
Imagino que sentías la necesidad de entrar a la cancha con esa bandera. Al principio yo supuse que habías tomado conciencia y, con la verguenza que da ser el “protagonista pobre” del clásico más desparejo del mundo, te habías hecho cuervo. Poco me duró la ilusión cuando noté que en realidad necesitabas tapar con trapos los dolorosos huecos que había en tu tribuna. Reconozco que es doloroso. Cada vez son menos. Y eso también, en comparación, lo hace “el clásico más desparejo del mundo”
Pero si hay algo que debo reconocer es tu coherencia. También sos “rastrero” futbolísticamente. Tu equipo se arrastra en el fondo de la tabla y eso se notó claramente ayer. Al punto que aplaudís al técnico que te mantiene ahí abajo mientras nosotros nos ponemos locos cuando perdemos apenas dos partidos seguidos. Claro, es tu naturaleza, estar ahí abajo, en el fondo.
No te preocupes, no voy a comentar el partido de ayer. Ni siquiera fue un partido. Para nosotros por lo menos. Si parecíamos sólidos como el Barcelona. Si hasta te hizo un gol el Chaco Torres, y Orode se lució (éste último es una gran incógnita pero ni en sueños puedo hacer una proyección seria habiendo tenido enfrente un rejuntado tan lamentable). Imagino que para vos habrá sido todo un acontecimiento y me atrevo a suponer que en tu fuero íntimo habrás festejado perder solo por dos goles. En primer lugar porque de no haber sido por tu arquero se hubiesen comido no menos de 5 pero también porque cada vez que jugás con San Lorenzo olés, al menos por noventa minutos, lo que es jugar “en primera”. Vos que te comiste 5 con Villa Mitre o que deambulaste perdiendo miserablemente con Defensa y Justicia, El Porvenir, Desamparados de Villa Echenagucía y equipos de sociedades de fomento similares.
Entiendo que tuviste que recurrir a esa provocación tan baja porque ni siquiera pudiste hacer lo que hizo ese otro equipo chico de Liniers, de pasearse por su estadio con sus copas ganadas. Tu festejo hubiese durado 15 segundos, el tiempo suficiente para poder sacar la única copa que ganaste. Hablando de eso, el otro día me crucé con uno de los tuyos. Llevaba una remera con el escudo de tu equipo y abajo del mismo como 5 estrellas….¿5? ¿Qué pared saltaste esta vez para robarte esas estrellas? Porque si hay algo de lo que no me queda ninguna duda es que nunca las ganaste.
No acostumbro a hacer este tipo de comentarios. No soy violento y nunca lo voy a hacer dentro de una cancha. Pero ayer estuve en la tuya con mi hija. Afortunadamente ya es grande y no es de asustarse mucho (es bien cuerva, ¿viste?). Pero a ningún padre le gusta correr el riesgo de que a su hija le pueda pasar algo. En algún momento pensé que ustedes podían aprovechar la ayuda que les estaban dando sus socios de “la Federal” y se podían venir, pasando por las plateas. Después recordé que son “rastreros” y que, salvo que se hiciera de noche y tuvieran que saltar una pared, ni loco se iban a animar a venir. Es más, no los vi moverse siquiera, ni antes ni durante ni después del partido. Tengo serias dudas que fueran una postal, o que estuviesen pintados en la tribuna.
Cada vez son menos. Y da lástima. Por eso, como dice la
sabiduría popular, te digo de corazón y todavía con ese
gustito feo en la boca que me dejaron esos gases que tiraron esos
otros rastreros vestidos de uniforme:
“Yo se que duele,
yo se que es feo,
pero a tu hinchada
le faltan huevos”.
Nota: Luis Escudero, Alias “Cuervacho”

