"Si me tengo que tirar de cabeza lo hago"

Conocé la historia de Gianluca Ferrari, el juvenil que debutó en Primera tras su paso por el Ascenso italiano. Su experiencia en Europa, su admiración por Kannemann y su estilo de juego. “Entro a la cancha y no me importa nada. Ya tengo tres fracturas de nariz… Una más no es nada, ja”, dice.

"Mis amigos no podían creer que un día estaba jugando en la D y al otro defendiendo al lado de Gonzalo", cuenta.

Su carrera empezó en alguna cancha del Club Central Córdoba de Rosario, cuando apenas tenía cuatro años. De lo poco que entendía, había una cosa que tenía en claro: que su destino iba a estar ligado a los botines, la redonda y el césped. Pronto, inició su recorrido por las Inferiores de Tiro Federal hasta que llegó a Unión de Santa Fe junto con su hermano Franco, que es dos años mayor.

Gianluca Ferrari tiene apenas 21 y unas cuantas experiencias en el bolso. Ni siquiera había cumplido los 17 cuando decidió continuar su carrera en el Ascenso de Italia, pese a su buen rendimiento en el Tatengue. “Un poco lo dudé, porque estaba firme. Era capitán en mi categoría, pero a mi hermano, que es ’95, lo habían dejado libre. Y nosotros íbamos siempre a todos lados juntos. Entonces, cuando me dijeron que se iba, agaché la cabeza y lo seguí”, cuenta.

Porque, además del lazo familiar, los une el sueño de triunfar. O “el hambre de gloria”, como define. Poco después les surgió una prueba en Europa y ambos fueron fichados por el Scandicci de Italia. Más tarde, el central fue cedido al Latina, de la Serie B, donde disputó el torneo Primavera con la Reserva. “Me fui en el transcurso del viaje a Bariloche. Hubo noches -relata- en las que estuve con la almohada llorando solo, pero había que seguir. Varias veces me pregunté por qué estaba allá, pero nunca pensé en volverme”.

No le resultó fácil. Porque ya no tenía a sus amigos cerca. Tampoco podía ayudar a su mamá, o a su papá en alguna que otra mudanza: “Hace fletes y a veces me avisaba si necesitaba a alguien. Era una changuita para mí”. Ni siquiera tenía a su hermano, quien hoy juega como delantero en el Brescia de la Serie B de Italia. “Estábamos solos, cada uno por su cuenta, sin saber el idioma… Era ir y pelearla allá. Antes jugábamos picados en el fondo de mi casa: yo le pegaba y él hacía goles. Somos muy unidos, pero en Italia fue empezar todo de cero”, le explica a Mundo Azulgrana.

De hecho, al tiempo le llegó la oportunidad de mostrarse en la Primera de Montecatini, que milita en la D. “Me tuve que ir porque Unión reclamaba mucha plata por los derechos de formación, y era todo bastante raro”. Así, en medio de la incertidumbre por no saber cómo continuaría su carrera, apostó su suerte a San Lorenzo, donde quedó y, a mediados de 2017, estampó su firma. Aunque el debut se hizo esperar: concentró frente a Tigre y contra Banfield cuando, ante la lesión de Gabriel Rojas, realizó su debut. Y mañana, ante San Martín (SJ), podría estar desde el arranque.

 

-Imagino que esa noche te costó dormir…
-(Sonríe) No dormí nada. En la previa no, porque no pensaba que me iba a tocar, pero gracias a Dios y todos los santos pude jugar. Cuando el técnico me llamó me dio un poquito de ansiedad, pero una vez que entrás a la cancha es lo mismo que hacés todos los días.

-¿Cómo hiciste para canalizar esa ansiedad?
-Sinceramente no me dieron tiempo de calentar ni de pensar en nada: se lesionó Gabi (Rojas) y, cuando me di cuenta, ya estaba al lado de Gonzalo.

-Estuviste tres años en Italia, donde Gonzalo es ídolo. ¿Qué te dijeron tus amigos de allá?
-A veces no puedo creer que es mi compañero, porque allá lo veía de capitán en la Fiorentina. Aparte, las dos veces concentramos juntos, así que hablamos de Italia, del pasado… De todo. Imaginate que para mis amigos es ídolo. ¡Lo tienen allá arriba! Decían que no podían creer que un día estaba jugando en la D y al otro día estaba defendiendo al lado de él. Las vueltas de la vida…

-¿Te costó adaptarte de vuelta al fútbol argentino?
-No mucho, porque tuve la confianza de todos. Lo que más me costaba era expresarme, porque hablo mucho adentro de la cancha, y pasar del italiano al español de nuevo era complicado. El tema también es que allá el fútbol es muy táctico, pero aprendí mucho de eso. Imaginate que se trabaja tres días de los cinco o seis de entrenamiento. Igual, cuando llegué, en la Cuarta estaba Manfredi, que también lo labura mucho. Entonces no sentí tanto la diferencia.

-Decís que sos de hablar. ¿Te animás a decirles algo a tipos como Coloccini o Gonzalo?
-Sí, pero ellos también me ayudan y me dicen que me ordene. Es una forma de generar confianza también. El tema es que yo entro a la cancha y no me importa nada. No es por agrandarme, pero si me tengo que tirar de cabeza me tiro. Ya tengo tres fracturas de nariz… Una más no es nada, ja.

-¿Sos de ir a trabar fuerte aunque tengas a Blandi adelante?
-(Risas) Al principio sí. A veces no lo controlaba, pero lo hablé con él y el resto de los chicos. Me dijeron que a veces es mejor evitar un roce, porque nos tenemos que cuidar entre todos. “Yo sé que vos defendés, pero si estás en mitad de cancha tratá de no hacerlo. Si estamos adentro del área dame la murra que me tenés que dar”, me sugirieron. A un rival no lo mido, ja.

-¿Te comparan con Kannemann?
-Los que me conocen. Pasa que todavía no pude demostrar todo, pero puede ser por la marca, el carácter y todas esas cosas. Es a quien miro. Me gusta mucho su juego y lo que es en San Lorenzo. Miré sus videos de cuando jugó la Libertadores acá. Ahora es ídolo de Gremio y me sorprendió, porque por lo general los hinchas en Brasil te abuchean por la rivalidad con la Argentina. Pero él terminó siendo ídolo y por algo es: la actitud. En cualquier jugada le mete el corazón.

-En su momento dijo que es un poco ansioso, pero que lo empezó a regular. ¿Y vos?
-Vamos a ver este partido, ja. Con la pelota a veces me apresuro, pero se la doy a los que saben. Los chicos me dijeron que estuviera tranquilo. Como persona soy tranquilo. Como jugador, aguerrido en la marca. También temperamental, pero no me gustaría dejar al equipo con 10.

Giuliana Pasquali

@giulipsl

Periodista deportiva con experiencia en Diario Olé, medios de prensa y partidarios.

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