La historia de sacrificio detrás del gol del campeonato

La espectacular pirueta de Gabriel Rojas llegó hasta la FIFA, todo un premio para este lateral izquierdo surgido de la cantera de San Lorenzo que supo reponerse a los contratiempos del fútbol y de la vida.

Rojas hizo el primer gol de su carrera a los 23 años. Foto: @SanLorenzo

Rojas hizo el primer gol de su carrera a los 23 años. Foto: @SanLorenzo

Dos bondis desde Burzaco para llegar a la estación de Lanús, el tren hasta Constitución y desde ahí el 21 hasta llegar al fin a la Ciudad Deportiva. La vuelta era igual pero a la inversa. Ese era el recorrido que un adolescente Gabriel Rojas hizo durante varios años para sostener su sueño de ser futbolista. Mientras miraba por la ventanilla de algunos de esos colectivos, quizás alguna vez imaginó hacer un gol como el que le hizo este viernes a Platense, ese gol del que todos hablan, el gol del campeonato que ya llegó hasta la FIFA para ser tenido en cuenta para los mejores goles del 2021.

Hasta los jugadores del Calamar le fueron a dar la mano a Rojas al finalizar el 4-2 en Saavedra para felicitarlo por esa espectacular mezcla de chilena y tijera que sorprendió a todo el fútbol argentino. “Fue el primer gol de mi carrera, no me acuerdo ni cómo fue estoy muy emocionado”, decía Gaby todavía sin caer de lo que había hecho apenas consumada la victoria de San Lorenzo, el club que lo formó y en el que hasta hace no mucho tiempo atrás pensó que no volvería a jugar.

Es que la búsqueda por tener continuidad es lo que lo mueve a este lateral izquierdo de 23 años que sabe lo que significa el sacrificio y la perseverancia. Por eso debió emigrar a Peñarol de Montevideo, lugar en el que se sintió pleno por primera vez como futbolista profesional. Y quería quedarse allí, porque era querido, además de valorado dentro del campo.

Sin embargo, desde Boedo solicitaron un cargo para renovar el préstamo, desde Uruguay dijeron que no y tuvo que pegar la vuelta, apesadumbrado. Cuando llegó se encontró relegado. Le avisaron que corría desde atrás en la consideración de Mariano Soso. Lo sondeó Independiente, pero nada prosperó. Pidió quedarse, entonces. Y de a poco ir ganando terreno otra vez. Debía ganarse un lugar desde cero. Y lo hizo.

Hoy compite mano a mano con Bruno Pittón en el puesto y cada vez que le toca ser titular demuestra que no es el de antes de cruzar el Río de la Plata. Este Rojas está asentado, más maduro, centrado. El nacimiento de su hijo, Bastian, cuando él todavía no llegaba a los 20 años lo cambió para siempre. Esos 30 días yendo a verlo a neonatología a constatar su lenta evolución fueron interminables. Pero todo salió bien y el pequeño Bastián es por quien sale a jugar a partir de ese momento. Tiene su nombre tatuado junto a la imagen de un león en su mano izquierda.

El hemisferio zurdo de su cuerpo tiene otra importante imagen inmortalizada: en su pierna hábil se puede ver a Diego Maradona levantando la Copa del Mundo. No lo vio jugar al Diego, pero es su ídolo. Pudo conocerlo y Pelusa lo bendijo tocándolo con la mano de Dios sobre esa pierna izquierda, la misma con la que impactó la pelota en el aire para hacer el golazo del año. ¿Casualidad?

En esa habitación tan cálida como humilde que compartía con sus padres y hermanos en Burzaco empezó a soñar con perseguir una pelota para poder comprarle una casa mucho mejor a su familia. Y en base a eso fue para adelante sin mirar atrás, no sin la ayuda de los suyos. Papá Rojas lo llevaba primero al club Bristol, donde un pequeño Gabriel comenzó a patear. Y después también lo acercaba a San Lorenzo, institución a la que llegó con edad de Infantiles.

Chofer de la línea 86, Don Rojas solía interrumpir unos minutitos el recorrido que iba de La Boca a Virrey del Pino cuando su formación pasaba por el Nuevo Gasómetro. Paraba, bajaba y preguntaba a los de seguridad del portón si su hijo estaba jugando para averiguar como iba. Luego seguía trabajando tranquilo y orgulloso.

Diego Aguirre lo subió a Primera y lo hizo debutar. No fue un estreno espectacular, todo lo contrario. Pero el uruguayo lo tranquilizó y le dijo que le volvería a dar una oportunidad. Lo hizo y la aprovechó. Logró afirmarse, aunque después quedó otra vez atrás y ahí la historia se conecta con su paso al Manya, que le devolvió la confianza.

La pirueta, digna de un acróbata de circo, sigue recorriendo las redes sociales y los programas deportivos. El golazo es el premio a la perseverancia. Más allá de todo obstáculo, en el fútbol y en la vida, Gabriel Rojas nunca se rindió. Y ese es otro golazo, pero de media cancha.

Nahuel Lanzillotta

@LanzillottaOk

Periodista. Deportes. Clarín.

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