Crónica de una muerte anunciada

Después de otro fracaso deportivo, Diego Aguirre quedó en el foco de la tormenta y su continuidad pende de un hilo. En Mundoazulgrana hacemos un repaso de su año en el Ciclón.

El crédito se le está agotando al técnico uruguayo

El crédito se le está agotando al técnico uruguayo

Son días tumultuosos por Boedo y la derrota con Deportivo Morón significa mucho más que la peor participación de San Lorenzo en la Copa Argentina, torneo que nunca ganó y era una ventana para la ya casi imposible Copa Libertadores de América del año próximo.

¿Por qué significa más que una grave derrota? Porque la relación hincha - director técnico está quebrada por completo, y los que se animaban a defender al cuestionado Diego Aguirre entregaron las armas ante otro fracaso del charrúa en el Ciclón. Sí, otro fracaso, que se suma a un campeonato 2016 - 2017 que nos ilusionó con partidos de altísimo voltaje, en el que San Lorenzo enamoraba a propios y extraños, era el más goleador, peleaba palmo a palmo con un Boca que había gastado fortuna y avanzaba a paso firme en la Copa Sudamericana arrasando a Banfield en el Bajo y a La Guaira en Venezuela.

Pero algo pasó en el medio, y en una semana Gimnasia puso fin a la recorrida azulgrana por la Copa Argentina en un primer tiempo desastroso, que se completó con el inolvidable mano a mano con Chapecoense (donde San Lorenzo no se animó a ganarlo nunca) en semifinaes de la segunda copa en importancia a nivel continental. 
Ya San Lorenzo había tocado su techo, y las combinaciones Belluschi - Blanco - Cauteruccio aparecían cada vez menos. Estos últimos dos partieron hacia norteamérica con el comienzo del nuevo año, y fue Belluschi quien más lo sintió. O San Lorenzo entero.

La segunda parte del campeonato nos ponía unos puntos abajo de Boca, en el segundo puesto, haciendo del Ciclón un competidor claro para arrebatarle el campeonato al hijo de toda la vida. Pero San Lorenzo se apagó, y su caída fue brusca, muy brusca. Tan inesperada como imparable, tal es así que aún hoy seguimos cayendo. La temporada iba llegando a su fin, y el Matador pasó de segundo a séptimo, sin escalas, y sin Copa Libertadores de 2018. Pero por sobre todas las cosas, sin fútbol.

Que le desarmaron el equipo a Aguirre puede ser verdad, porque de aquel que era una sinfonía ya no están Mas, Ortigoza, Cauteruccio y Blanco. También es cierto que no lo reforzaron nunca, si contamos a Piris Da Motta, Castro y Gudiño como apuestas, entre otros. Los consagrados no estuvieron a la altura, y aunque muchos soñaron con Coloccini, Bergessio y Costa con la azulgrana puesta, rapidamente debieron darse por vencidos con las decisiones del técnico y el funcionamiento de alguno de ellos.

Pero en todo esto hay algo todavía más grave, y es la falta de ideas: Diego Aguirre heredó un sistema de juego y no supo ponerle su impronta, mucho menos cambiarlo cuando dejó de funcionar. Así fue como el hincha de cansó de esperar, de sorportar y tolerar la pasividad que viene desde el banco. No se ven respuestas, el ensamblaje no apareció jamás, el ritmo ya no es excusa, y el tiempo apremia. Los cuartos de final están a la vuelta de la esquina, y San Lorenzo, o Aguirre mejor dicho, deberá cambiar todo lo que no cambió en un año, porque ya no se puede apelar más a la suerte y es hora de tomar decisiones, porque el Ciclón se juega mucho en solo unos días y la cosa pinta oscura, en una crónica de muerte anunciada.

Paulo Recari

@Recari_Paulo

Estudiante de periodismo deportivo en el Círculo de Periodistas Deportivos.

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